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Código Moral Masónico
 

El código Moral Masónico es la declaración de principios y de reglas morales. Existen variaciones al mismo, esto depende del origen del rito y de la traducción a la que se haga referencia, también las variaciones se deben a las diferentes interpretaciones y sensibilidades de cada obediencia, pues cada una de ellas hace de los ideales universales una adecuación a las circunstancias.

El origen del código Moral Masónico, se debe al decálogo de la ley, según la tradición de Moisés.


De entre los diferentes códigos que podemos encontrar, reproducimos un par de ellos a modo de ejemplo:
 
 

Venera al Gran Arquitecto del Universo.

 

El verdadero culto que se da al Gran Arquitecto consiste principalmente en las buenas obras.

 

Ten siempre tu alma en un estado puro, para aparecer dignamente delante de tu conciencia.

 

Ama a tu prójimo como a ti mismo.

 

Haz bien por amor al mismo bien.

 

Estima a los buenos, ama a los débiles, huye de los malos, pero no odies a nadie.

 

No lisonjees exageradamente a tu hermano pero reconoce sus aciertos. Acepta su reconocimiento con modestia, como un aliciente.

 

Escucha siempre la voz de tu conciencia.

 

Practica la caridad.

 

Respeta al viajero nacional o extranjero; ayúdale: su persona es sagrada para ti.

 

Evita las querellas, prevé los insultos, deja que la razón sea tu guía.

 

No seas ligero en airarte, porque la ira reposa en el seno del necio.

 

Detesta la avaricia, pero administra tus bienes materiales con cuidado, para que a tu vejez sustenten tus necesidades, protejan a tu familia y beneficien a tus Hermanos en desgracia.

 

Sigue la senda del honor y de la justicia.

 

Si tienes un hijo, regocíjate; pero sé consciente del depósito que se te confía. Haz que hasta los diez años te obedezca, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años se su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo. Piensa en darle buenos principios tanto como bellas maneras; incúlcale rectitud esclarecida y honestidad sin tacha.

 

Si te avergüenzas de tu destino, tienes orgullo; piensa que aquel ni te honra ni te degrada; el modo con que cumplas te hará uno u otro.

 

Lee y aprovecha, ve e imita, reflexiona y trabaja, ocúpate siempre en el bien de tus hermanos y trabajarás para ti mismo.

 

Conténtate de todo, por todo y con todo lo que no puedas mejorar con tu esfuerzo. Pero cuando te sientas capaz de hacerlo, pon todas tus facultades en la tarea.

 

No juzgues ligeramente las acciones de los hombres; no reproches y antes procura sondear bien los corazones para apreciar sus obras.

 

Se entre los profanos libre sin licencia, grande sin orgullo, humilde sin bajezas; y entre los hermanos, firme sin ser tenaz, severo sin ser inflexible y sumiso sin ser servil.

 

Habla moderadamente con los grandes, prudentemente con tus iguales, sinceramente con amigos, dulcemente con los niños y eternamente con los pobres.

 

Justo y valeroso defenderás al oprimido, protegerás al inocente, sin reparar en los servicios que prestares.

 

Exacto apreciador de los hombres y de las cosas, no atenderás mas que al mérito personal, sean cuales fueren el rango, el estado y la fortuna.

Adora al Gran Arquitecto del Universo.

 

El verdadero culto que se le da  al Gran Arquitecto consiste principalmente en las buenas obras.

 

Ten siempre tu alma en un estado puro, para aparecer dignamente delante de tu conciencia.

 

Ama a tu prójimo como a ti mismo. No hagas a los otros lo que no quieras que ellos hicieran contigo.

 

No hagas mal para esperar bien.

 

Estima a los buenos, ama a los débiles, huye de los malos, pero no odies a nadie.

 

No lisonjees a tu hermano, pues es una traición; si tu hermano te lisonja, teme que te corrompa.

 

Escucha la voz de tu conciencia.

 

Se padre de los pobres, cada suspiro que tu dureza les arranque, son otras tantas maldiciones que caerán sobre tu cabeza.

 

Respeta al viajero nacional o extranjero; ayúdale, su persona es sagrada para ti.

 

Evita las querellas, prevé los insultos, deja que la razón quede siempre de tu lado.

 

Parte con el hambriento tu pan, y a los pobres y peregrinos mételes en tu casa; cuando vieses al desnudo, cúbrelo y no desprecies tu carne en la suya.

 

No seas ligero en airarte, porque la ira reposa en el seno del necio.

 

Detesta la avaricia, porque quien ama las riquezas ningún fruto sacará de ellas, y esto también es vanidad.

 

Huye de los impíos, porque su casa será arrasada, más las tiendas de los justos florecerán.

 

En la senda del honor y de la justicia esta la vida, más el camino extraviado conduce a la muerte.

 

El corazón de los sabios está donde se practica la virtud, y en el corazón de los necios donde se festeja la vanidad.

 

Respeta a las mujeres, no abuses jamás de su debilidad y mucho menos pienses en deshonrarlas.

 

Si tienes un hijo, regocíjate; tiembla del depósito que se te confía. Haz que hasta los diez años te tema, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años se su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo. Piensa en darle buenos principios antes que bellas maneras: que te deba rectitud esclarecida y no frívola elegancia. Haz un hombre honesto antes que un hombre hábil.

 

Si te avergüenzas de tu destino, tienes orgullo; piensa que aquel ni te honra ni te degrada; el modo con que cumplas te hará uno u otro.

 

Lee y aprovecha, ve e imita, reflexiona y trabaja, ocúpate siempre en el bien de tus hermanos y trabajarás para ti mismo.

 

Conténtate de todo, por todo y con todo tipo de suerte que te ha tocado y conservarás la luz de la sabiduría.

 

No juzgues ligeramente las acciones de los hombres; no reproches y antes procura sondear bien los corazones para apreciar sus obras.

 

Se entre los profanos libre sin licencia, grande sin orgullo, humilde sin bajeza; y entre los hermanos, firme sin ser tenaz, severo sin ser inflexible y sumiso sin ser servil.

 

Habla moderadamente con los grandes, prudentemente con tus iguales, sinceramente con amigos, dulcemente con  los pequeños y tiernamente con los pobres.

 

Justo y valeroso defenderás al oprimido, protegerás la inocencia, sin reparar en los servicios que prestes, Honrarás a tus padres, respetaras a los ancianos, e ilustrarás a los niños.

 

Exacto apreciador de los hombres y de las cosas, no atenderás más que al mérito personal, sean cuales fueren el rango, el estado y la fortuna.

El día en que estas máximas se generalicen, la especie humana será feliz y la Francmasonería habrá terminado su tarea y cantado su triunfo regenerador.

El día que se generalicen estas máximas entre los hombres, la especie humana será feliz y la Masonería habrá terminado su tarea y cantando su triunfo regenerador.








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